viernes, 9 de octubre de 2026
Hermosa descripción de un ex alumno de los años cincuenta:
DEL ASILO
(Aporte de PABLO DUNCAN)
Mayo de 1957. asistía yo al 5° grado de la escuela primaria.
Mamá trabajaba de cocinera y planchadora en varias casas a la vez ,para ganar lo que se pueda, para vivir...
O sea, por horas, de sol a sol; de esta manera no le quedaba tiempo para nuestro cuidado.
El viejo hacia ya 4 años que se “había borrado”.
Carlitos y yo estábamos viviendo durante la semana en casa de los abuelos, los padres de mamá. Los viernes recuerdo, al comenzar el fin de semana, salíamos caminando unas 10 cuadras hasta la piecita que ella había alquilado en una especie de conventillo familiar para pasar el fin de semana juntos.
En realidad era un anexo hacia la calle que habían construido para usarlo como negocio, una especie de tiendita. Una de las cuatro paredes era en consecuencia una vidriera de negocio detrás de una eternamente bajada cortina de chapa. Era todo; cocina común y baño al fondo de la casa. Pienso de que esta casa merece un capitulo aparte, por sus habitantes ,mis vivencias, su barrio.
La cuestión es de que la abuela no podía mas con nosotros porque se había enfermado el abuelo y necesitaba de sus cuidados. De ahí que alguien le recomendó a mamá de que nos internara en “el asilo”. Para mi ,en ese entonces la palabra “asilo” estaba representada solo por los huerfanitos y las abuelitas que generosamente tutoreaba Patoruzú.
En un atardecer de otoño, mamá y nosotros dos (Carlitos de 6 y yo de 11 años),subimos al tren en la estación Villa Ballester (que pasaba frente a nuestra casa, porque vivíamos a 20 metros de las vías) ,para bajar en Retiro, tomar el subte hasta Diagonal, subir por la escalera mecánica que tenia y sigue teniendo en parte, unas garras poderosas al final del recorrido, las cuales mamá nos instaba a “saltar” por encima, para evitarnos alguna desgracia, y caminar hasta la calle Esmeralda al 162,sede de la iglesia del Sínodo Evangélico Alemán del Rio de la Plata (vaya titulo!!). Era una construcción gris y estrecha ,en cuyo fondo , al final de un pasillo con ese típico olor a lavandina de las casas del centro, se encontraba el despacho del pastor titular , en aquellos años era Friedrich Kaufmann, un hombre dedicado a su iglesia y en especial a “sus niños del asilo” .Nos recibió un hombre serio, canoso, sentado detrás de un pesado y oscuro escritorio, a izquierda y derecha anaqueles rellenos de libros, al fondo un crucifijo sin corpus y un retrato de Martin Lutero.
Fue para mi como comparecer ante un juez, con la condena ya conocida. Pero sin miedo, mas era la curiosidad por lo que vendría....
Pero solo hizo algunas pocas preguntas, anotó algunas cosas y listo...ya estabamos anotados en el “Asilo German Frers” ,en la localidad de Baradero; fecha de incorporación : 2 de junio de 1957.
En realidad para mi, la confirmación de que íbamos a una nueva situación, lejos de lo conocido, de lo habitual, me hacia sentir un poco destacado, algo como ir a la Legión Extranjera, un aura de castigado y de desafío, un destino al que solo sobreviven los fuertes; algo así resultó ser al final....
Ese día, muy de madrugada, cuando mi barrio todavía dormía su amanecer invernal, fuimos los tres con sendas valijitas de cartón marrón, nuevamente a la estación de Villa Ballester, para tomar otro tren, esta vez en dirección opuesta. Arribó bufando y resoplando un monstruo negro que echaba vapor y humo; recién existían unas pocas maquinas diesel para el recorrido a la provincia.
El tren se puso en marcha y ya después de José León Suarez se abría el paisaje chato y suburbano hacia los comienzos del campo bonaerense; aparecian potreros mas grandes de los que conocía, bosquecitos de eucaliptos, pantanitos y lagunas.
El tren cruzaba el río “de la mala palabra” y ahí si, comenzaba el campo de veras ,el que evoco con gran cariño, y el que no cambiaria por el mas bello paisaje alpino.
Pienso de que los paisajes vividos de niños, los tomamos en posesión; todo lo que viene detrás es solo prestado, no nos pertenece.
El trayecto duraba unas dos horas, Bancalari, Ing.Maschwitz, Campana, Zárate.. Baradero
allí descendimos...un pueblo recién despertando en la mañana del domingo,un sulky solitario pasando frente a la estación, un cielo límpido y radiante, el aire del campo dándonos en la cara.
Tomamos un taxi, pienso que el primero al que subí en mi vida, para llegar al asilo que estaba creo a un kilometro y medio del pueblo, en realidad era ciudad, pero en el asilo se decía “ir al pueblo”.
Calle de tierra, con espejitos de escarcha en esa mañana fría.
La entrada al asilo eran dos pilares con un portón (siempre abierto) al cual se entraba cruzando la obligatoria zanja, previo puentecito de caño de hormigón a diestra y siniestra sendos zócalos hechos de ladrillo revocado, futuros palcos para contemplar el atardecer pampeano.
A la izquierda, ya dentro del predio, la iglesia o capilla, cuadrada y seria, con su torre y su bonete piramidal.
Nos hicieron pasar al comedor ,centro vital de todo ese establecimiento; aún no habían servido el desayuno; el comedor tenia seis mesas largas con sus respectivos bancos a lo largo, en los cuales tenían su lugar fijado los alumnos. Cinco por banco....diez por mesa...
Al fondo un destartalado piano y una pared sobre la cual estaban pintados los escudos de armas de tres de los principales reformadores protestantes, que había pintado quien por todos era nombrado “maestro”...un alemán de unos 40 años, flaco, anguloso, según contaban, ex oficial de las malparidas huestes de Hitler, las SS....
Bueno, como contaba, estábamos parados los tres en medio del comedor, cuando entro un tropel de niños que disciplinadamente se alineó al frente, clavándonos los ojos a mi hermano y a mi, vichando a “los nuevos”, y el maestro dio comienzo a lo que seria la ceremonia de todas las mañanas por los siguientes años.
Se cantaba un pequeño coral, se leía un pasaje de los evangelios, y se rezaba una oracion.
Todo a toda maquina ..cada fase anunciada por el maestro con una especie de ladrido...semejante a los que se usaban en los campos de concentración. Un ladrido seco, imperioso,que no daba lugar a ninguna objeción, ni interrupción, todo lo contrario a lo que debería haber sido una demostración de afecto hacia ese montón de niños que venían de hogares desarmados ,algunos huyendo de la posguerra en Europa....
Luego de la ceremonia, fuimos presentados a los nuevos compañeros, nos asignaron nuestro lugar en las mesas, ambos en mesas distintas...según la edad.
Desayuno...mate cocido con leche y tres rodajas de pan francés con miel (solo miel, sin manteca, mi primera pérdida...) siempre... todas las mañanas.
No me acuerdo de como siguió transcurriendo el resto del día, solo recuerdo de que después del almuerzo (milanesas con ensalada de papas, todos los domingos ) se anunció de que íbamos a ir al cine, esto empezaba bien.
Nos despedimos de mamá, que se quedó sola con su pañuelo humedecido en medio de ese antepatio de tierra apisonada por carro, auto y zapato, y nos integramos a esa doble fila de niños, de mayor a menor y por grados; la que había de ser por los próximos años nuestra columna de marcha, a paso forzado, a la escuela, al pueblo, al cine, al rio...
Pasaron la pel'icula“7 novias para 7 hermanos”; en un cine muy antiguo ya para esa época, el cine Colón, en donde los chicos del asilo teníamos a nuestra disposición el palco superior, además de entrada gratis; en realidad, un privilegio del que años después tomé conciencia.
Cuanta solidaridad y comprensión había por parte de muchas gentes en Baradero hacia los “alemancitos del asilo”; nos donaban el pan, la carne, la fabrica de Maizena sus productos, el peluquero, Don Vega, venia una vez al mes y nos pasaba la maquinita...”como te corto muchacho?”...y creo que ni cobraba , o si cobraba, muy poco.
Era un mundo con dos polos el mío, o el nuestro; por un lado el asilo ,con su ambiente y características evangélico- teutonas, por el otro el pueblo de Baradero, con su ambiente bonaerense y bien criollo.
Una dicotomía que es difícil de llevar, al menos para una propia ubicación cultural, dado de que alternábamos ambos diariamente.
Una buena parte de los descendientes de gringos siempre estamos a la búsqueda de una identidad, buscando una identificación con el medio ambiente, con el pueblo acrisolado en 500 años de colonia y patria nueva; al menos en una fase en la cual los italianos ya no eran mas gringos y los españoles la raíz de la sociedad argentina. Los gringos eran entonces los inmigrantes de la Europa anglosajona, la de los judíos de Polonia, de Ucrania, del Báltico.
En los últimos 100 años llegaron estos, nuestros padres y abuelos, desplazados por las guerras, la desocupación y el hambre de sus patrias, con la ilusión de una vida mejor o porque no tuvieron otro horizonte, portando en sus baúles de ultramar las pocas pertenencias y los muchos recuerdos que habrían de guardar celosamente ,junto con sus costumbres y tradiciones.
Reacios a mezclarse con los criollos, encubiertos racistas, separatistas, clasistas.
Pienso de que fue la generación de mis padres y mas luego la mía, la que salió al encuentro de los otros, frecuentando las escuelas publicas, los colegios, las universidades, los bailes del 40,las guitarreadas del 60. Un salir al encuentro que no era premeditado, era porque se daba, porque además era rebeldía hacia las raíces de los padres y su eterna nostalgia, de su castellano cocoliche....
Pero bien, en mi caso, me puso el destino en el entorno de ese Baradero-pueblo, con su estación de ferrocarril, u plaza con la iglesia, en la cual se celebraban (y se celebrarán aún)los solemnes tedeums en las fiestas patrias, con su adorada calle Julian O´Roarke, bordeada de una arboleda gigante de tipas y jacarandas; adorada porque allí estaba la casa de mi callado y sufriente amor primero......ella ni la hora me daba ,en los recreos pasaba a mi lado con su guardapolvo impecablemente almidonado y crujiente, como si yo fuera un caño mas de los que bordeaban la galería....era verla y derretirme...
Ay de mi, niño asomado a la pubertad. Que no sabia nada del amor, que solo sufría por una niña, sin saber bien porqué....
Recuerdo de que en una fiesta patria, me tocó ser el que llevaba la bandera de la cruz roja, la nacional la llevaba el primer alumno de sexto, ella era escolta de esa bandera....yo radiante por estar en su cercanía. ese tedeum en el cual los abanderados estaban al frente, él fervoroso cantar de los fieles; nos cruzamos una mirada...la mía de sufriente enamorado, la de ella como diciendo :”que miras?, que te pasa?”.
Si, un día pleno de emoción. pese a todo. Era la misma y miles de veces repetida situación que relataba Abel Santa Cruz....ella era Etelvina Baldasarre, y yo ..Cirilo Tamayo; ambos declasados, él por moreno, yo por ser internado del asilo....
Y aquí quiero contar de mi querida escuelita N°7.....una construcción de una planta de antes de principios de siglo.
Las aulas estaban distribuidas en forma de U, al fondo un paredón (y después..).En el medio un patio desnivelado de ladrillos, en el cual se erguían frondosos árboles añosos, poblados de pájaros, zorzales, gorriones, bichofeos..los baños al fondo, al frente de la dirección el mástil con al bandera izada todas las mañanas al son de “Aurora”...ver ese paño celeste y blanco flotar al viento me daba, nos daba la hermosa sensación de patria, de comunión, de unidad, en el amplio sentido de la palabra; sin caer en patrioterismo, pienso de que es una forma de aparear al pueblo, a sus hombres, sus mujeres, sus niños. Nacionalismo no, pero patria, identidad nacional, si.
Años mas tarde quise reencontrarme con la escuelita de mis recuerdos, pero solo quedaba su recuerdo, había cedido al paso del “progreso”.
O sea de que los pibes del asilo asistíamos diariamente a clase en esa querida escuelita.
Cuando iba a mi primer escuela, un internado alemán, en Villa Ballester, iba con un cierto “dolor de panza”..no por las maestras regulares, alguna de las cuales recuerdo con cariño , no, ..era por las maestras de la hora de alemán, que se dictaba una vez finalizada la clase de castellano.
Las maestras de alemán se me asemejaban a brujas, lisa y llanamente brujas, con una excepción.
Pero a esta escuelita N°7 yo iba con alegría, me sentía bien, me sentía uno mas de ese grupo infantil de diferentes orígenes y condición social. Creo de que los de mas alto nivel social eran quienes tenían cada día un guardapolvito blanquísimo y almidonado....
Nosotros llegábamos al viernes con un guardapolvo gris y “amarronado” por el polvo de la marcha y por el propio descuido de los varones beligerantes. Pero convivíamos sin rivalidades, era lo hermoso.
Me “tocó” un quinto grado con una maestra de lujo, la señora Deleglise; fue en esos meses mi punto de apoyo y de orientación. Grande, hermosa, en los cuarenta diría; llevaba en su persona la vocación de maestra y el cariño de madre; a veces me apretaba fuerte contra su panza para darme el calor que ella sabia que a nosotros, los pibes del asilo nos faltaba, y yo ligaba mas “franela” porque era el mas chiquito en estatura y edad, dado de que había compañeros que ya rondaban los 16 años, los cuales tenían mas necesidad de “otras ternuras”..
Pero ella sabia manejar todas las situaciones a veces engorrosas que engendraban los mayorcitos, con su desparpajo y naturalidad asombrosas.
En sexto grado, otra maestra de lujo, que además de joven era lindísima, pelirroja, espigada...se decía que tenia un novio.
Esteban, mi compañero desde el vamos y hasta hoy, se enamoró perdidamente de ella, hasta le escribió una cartita de amor....un caradura, pero un un tierno soñador.
Recuerdo las tardecitas en que que íbamos los alumnos a su casa para ensayar acompañados de su piano el aria de Schubert para el dia de la madre....que maestra hermosa y dedicada..!
Los pupitres raídos, el piso de tablones, el cielorraso descascarado, él pizarrón ajado...todo lo que a los mayores les da rechazo,señal de descuido y de pobreza y digno de mejorar, eran para mi algo que definiría como un resguardo, taller de mis sueños,aula magna de mi niñez.
Y me pregunto, lo habré sentido asi?..o es el recuerdo y la nostalgia quienes me están influenciando...será una mezcla de ambos.
Volviendo al asilo. .dormíamos los 40 chicos en una larga sala con camas de hierro,al igual que la de los hospitales,4 filas de a 10 camas pintadas de blanco. Entre cama y cama, un banquito de madera a remedo de mesita de luz, sobre la cual había que colocar, perfectamente doblada , la ropa de diario al acostarse. Un orden de cuartel prusiano era el impuesto en ese establecimiento.
Por las mañanas, si uno ya estaba despierto, podia oír el triple cliqueo de las llaves de luz y seguidamente un “buen día”,en aleman,que mas se parecía a un chumbazo,seguido de la orden de levantarse. Cabe mencionar de que habia en esos años,chicos de 6 a 17 años,si a estos ultimos aún se los puede llamar asi...
Al negligente que se le ocurrió meter a toda esa gama de edades en un dormitorio común, me gastaría pedirle explicaciones, porque en ese dormitorio se despidieron muchos niños de la inocencia propia de su edad.
Bueno, a la orden de levantarse hasta el momento de pararse frente a la cama de hierro, la cama hecha, vestido y aseado, había ,creo 15 minutos de tiempo. El que no estaba listo,era castigado con algun laburito extra.
Habia chicos, de diversas edades, recuerdo a uno que tenia 16,que se orinaban por la noche....ellos tenían una tela de goma debajo de la sabana , que por las mañanas tenian que lavar junto con la sabana,en los lavabos,con agua fria y jabon. A nadie de los responsables se le ocurrió de que esos niños podian necesitar alguna ayuda medica o psicologica,en vez de ser todas las mañanas el hazmerreir de todos,porque los compañeros tambien solian ser crueles.
Del dormitorio se pasaba al comedor, donde ya el servicio de mesa había colocado las tazas de enlozado para el mate cocido, cortado e untado con miel tres rodajas de pan frances. Había varios “servicios” que eran reclutados entre los mas eficientes para este tipo de tareas,el mas bravo era el nombrado servicio de mesa,que tenia el mismo tiempo para levantarse y preparar el desyuno para cuarenta ,que los otros tenian para levantarse y vestirse. Ademas, al finalizar la escuela,tenia que salir corriendo,sin pausa,para sacarle la ventaja necesaria al pelotón,para que cuando este entrase al comedor,esté colocada la mesa para el almuerzo. Me toco durante 2 meses este “honor”; lo mas bravo era la maratón de 1,5 Km de la escuela al asilo.
Se almorzaba...el menú era cada día distinto...pero de una secuencia matadora...
Los lunes fideos con tuco
Los martes papas cocidas con carne cocida
Los miércoles arroz con carne
Los jueves batatas con peceto
Los viernes no me acuerdo...
Los sabados “sopa sola” (puchero alemán)
Los domingos milanesas con ensalada de papas
Y todo esto se volvía a repetir por los siglos de los siglos....
Ahh ..de entrada siempre una sopa. Y de postre una naranja..
Finalizado el almuerzo, cada niño tenia una tarea de limpieza, solo o en grupos...
Limpiar los baños, barrer el dormitorio, pasarle el trapo de piso a los pisos de mosaicos, trabajar en la costureria, en donde se lavaba, tendia y planchaba la ropa, barrer las galerias, un trabajo destinado a los que “no servían pa nada”. La costureria estaba a cargo de una viejecita alemana muy bondadosa que sabia dar calor de hogar a esa piecita aseada,y la que ademas de vez en cuando nos apretaba fuerte,para darnos la caricia que ella sabia nos faltaba. Tener servicio con ella era lo mas codiciado. Mencionando a ella,se me ocurre que podria “presentar” a los demas mayores que tenian una funcion en el asilo.
Además del “maestro”,habia un director ,un barón ruso exilado y su esposa.Cumplia las funciones administrativas y representativas.Era una persona rara; queria ganarse el cariño de los chicos,pero su castellano burdo y su a veces ingenuo proceder,era blanco de nuestras burlas. Como propios de su personalidad,recuerdolo con su perro galgo afgano, fumando en boquilla,de saco y corbata,un escritorio plagado de libros y una balalaika colgada de la pared.No tenian hijos.
Un matrimonio de Austriacos con sus tres hijos, ella era la cocinera, él algo asi como un capataz encargado.
Ella era una buena señora, pero siempre gozó de mi antipatía por sus menús repetitivos...pobre,si no tenia con que hacer algo mejor o mas variado!
El era un negrero,nos hacia trabajar a sol y a sombra, amén de las cachetadas y retos que nos pegaba....,un tiroles petiso y cabrero que se la habia agarrado conmigo,seria por mi sonrisita socarrona cuando hablaba....me latia el corazon con miedo cuando escuchaba su tos seca de fumador doblando la proxima esquina del corredor.....
Hablaba asi: un dia hizo de referí en uno de los tantos partidos que se armaban los domingos....la pelota salio de la cancha por un tremendo pelotazo que ni dio tiempo de ver a donde iba, pero él gritó :
“ yu lu ví,yu lu ví, pilota si foi latras inglesia”..(detrás de la iglesia)
Trabajar en su grupo era un castigo, aunque debo reconocer de que aprendíamos algo de las habilidades de un carpintero, de un albañil,de un carnicero....
Por ejemplo de carnicero,... al fondo del terreno había un chiquero,con enormes chanchos,los cuales eran criados con los deshechos de la cocina. Una vez al año se carneaba uno de esos colosos de unos 250 kilos; gran alboroto en toda la casa...
El chancho era volteado de un mazazo y una vez tumbado en el suelo, se lo acuchillaba, brotando un grueso manantial de sangre de la herida que había que atajar en una palanganita llena de sal gruesa e ir batiendo con un tenedor al mismo tiempo que se desangraba chillando fuerte y agudamente.
Describo así de detenidamente esto, porque me tocó hacerlo a mi ,en la primera carneada que me tocó presenciar...
“A que no te atreves?”......”sí que me atrevo”......no me quedaba otra!
Todavía lo veo nitidamente,la palangana enlozada blanca, la sangre roja burbujeante..el chancho chillando su muerte en mis oidos.....
Pero lo hice...y fui el héroe del día.
Otro personaje, el mas querido era Pascual, el quintero, un tanito solteron, de unos 60 años, jorobadito de andar agachado en las quintas.
Siempre de camisa ,bombachas y faja negra y olor a “Untisal”
Era el encargado de la quinta y los animales; nos quería mucho a los pibes, trataba de darnos un poco de ternura a su manera....
El rito era la “raspada”...nos agarraba de prepo y nos pasaba su mentón de barba pinchuda de tres dias por la mejilla...
Lo escucho hoy todavía."Alberto,veni que te raspo...jajaaa”.
Un pan de dios...a los mas grandes nos dejaba compartir a hurtadillas su misero bulín y nos convidaba con un sorbo de grapa.
El otro personaje era Schorsch (Jorge),un ex marinero aleman que apenas decía palabra y era el encargado de cuidar las gallinas,que eran muchas.Era de gran estatura,de unos 70 años calculo,un gran bigote blanco a lo Bismarck,mascaba tabaco,el cual dejaba para secar sobre determinados postes,cuando se cansaba de darle a las mandibulas...
Tenia su ranchito en medio del gallinero, él y las gallinas dentro de un gallinero cercado de alambre tejido.
Los domingos se iba al pueblo y volvía mamado, ahi era conveniente esquivarlo.Una vez, a la vuelta de una de sus topadas con el alcohol,no podia embocar la llave en la puerta de su rancho,asi que agarró un hacha que estaba a mano y bajó la puerta a hachazos ,entro y durmio su mona como si tal cosa.
Otro personaje querido era la señorita Muller, una maestra retirada que venia todas las tardes en su Ford T, a ayudarnos a hacer los deberes...
También solterona ella, descendiente de colonos suizos. Era algo gordita,de busto grande y armado, seria pero bondadosa. Vivia en el pueblo, en una antigua casa de la calle Fray Justo Santa Maria de Oro, con un hermoso jardin demarcado por una tapia añosa;fue en ese jardín donde recuerdo haber visto el primer colibrí de mi vida.
Como llevábamos el mismo apellido, ella me llamaba “mi tocayo”,con gran orgullo,porque era maestra de alma,y yo un alumno aplicado.
Cuando termine sexto grado, ella misma me llevó en su Ford a inscribirme en la escuela industrial de Baradero. Recuerdo de que entramos a la dirección, pidio por el director y le dijo “aqui le traigo a mi tocayito,cuidemelo”. Con los vagos era muy severa,pero mas con los que cometian alguna falta de orden moral (alcahuetear ,por ejemplo);lo tomaba al acusado del mentón con una mano férrea y le obligaba a mirarle a los ojos y confesar “su fechoria”.Los deberes los haciamos despues del trabajo de limpieza,entre 14 y 17 hs.
Después se tomaba “la leche”,mate cocido con leche y las mentadas rodajas de pan casero untadas con miel.
Luego se continuaba el trabajo diario en la quinta o en diferentes obras que estaban en trabajo, como hacer un portón, mejorar los alambrados, trabajar en la quinta con Pascual, blanquear piezas, pintar puertas y ventanas, etc...
A las 18:00 se terminaba de trabajar, cuando ya se caía la tarde,teniamos una hora para jugar,lo que siempre terminaba en un picadito en la cancha, o guerra de pandillas,en las cuales siempre habia “heridos”,como ser tajos o palazos que dejaban coloridos moretones.A veces,tambien era la “epoca de los ranchos”.....
Construíamos ranchitos de adobe ,todo un villerio,en los cuales nos recluiamos a leer revistas,fumar palitos de zarzaparrilla,o simplemente estar “en casita”...una sensacion que echabamos de menos,muchos solo buscandola instintivamente,porque nunca la habian tenido....
Y llegaba noviembre, fin de clases, lo días se tornaban mas placidos,se limpiaba el tanque australiano que teniamos por piscina,se lo llenaba de agua fresca,tomada por el molino de viento...ahhh...el molino!...estaba al lado del dormitorio;cuando por las noches habiase dejado su freno libre y se levantaba un vientito (viento que va,no el que vuelve...)el molino comenzaba a bombear agua que caia estrepitosamente en el enorme tanque de chapa que tenia a mitad de altura.Entonces me despertaba con ese arrullo de maquina noble,que al mismo tiempo me daba una sensacion de estar lejos,lejos de todo,solo en una catrera de fierro,tapado con manta de milico......
También acongojaba el nocturno aullar de las locomotoras diesel,cortando la noche por su camino de riel;yo los experimento como rugidos trascendentales,que anuncian un momento de cambio,un momento clave en la vida,como la sirena de un transatlantico al partir de Puerto Nuevo,o el aullar de las turbinas al partir desde Ezeiza..o hacia Ezeiza.....alejandonos de lo querido..o anunciandolo.....siempre traen lagrimones...ya sea de alegria o de tristeza.
Después de terminar la primaria,los internados en el asilo tenian que “hacer su valijita”, o sea, despedirse del asilo y meterse en la vida,como sea o en lo que sea..eso si...nadie quedaba en la calle..solo que a veces se le conseguia un trabajo en una confiteria , o en una empresa como aprendiz..o lo que se daba.
Algunos se metían de marineros o pinches en un barco para regresar al pais de sus padres o abuelos..tal el caso de mi querido compañerito Carlos....”chupita”..que despues de viajar los mares del mundo terminó como croto aqui en Alemania..aplastado por un coche en una autopista.
Otros aparentemente hicieron su vida dentro de los cauces “normales”...convirtiéndose en empresarios, artesanos, profesionales.
Como para mi no había nada en vista y dada la tutoria de mi señorita tocaya,me anotaron en la escuela industrial para un principio.
Escuela Industrial de Baradero...cuantos recuerdos....
Otra escuelita para aprender y para recordar....profesores que eran arquetipos, gente de pueblo con cultura y horizonte amplio, con tradiciones que daban firmeza, con vocación de maestros.
Estaba corriendo la época del gobierno de Frondizi,una esperanza de patria con futuro estaba en las gentes, despues de las torpezas de la llamada Revolucion Libertadora.
Los recuerdo a todos, pero nombraré a unos pocos, porque rompería el marco de este capitulo.
El “tata” Salaberry, profe de Matemáticas.tenia el porte de lo que yo considero el caudillo bonaerense,para mi..
Sus clases eran magistrales....claras ,concisas...claro, para una gran parte de los alumnos, un tema odiado.
Pero cuando el Tata daba clase, ni las moscas se movían respeto sin castigar,sin amenazar..nada..el entraba y la clase comenzaba.Yo lo admiraba
Después el director..Pierini..que daba clases de fisica y dibujo tecnico.
Todo un personaje. Su medio de transporte era una antigua bicicleta negra, alta, demasiado alta para sus piernitas cortas...pedaleaba erguido como vigía de fortin...
Era implacable, pero se notaba su afán por instruir a los muchachos,por darles un oficio,un puente a la profesion....siempre repetia,saboreando las palabras..: “si no estudian..el pico y la pala”....lo que nos hacia retorcer de la risa cuando lo imitabamos....pero era implacable con los malos alumnos,fuese porque no quisiesen o porque no podian,como el caso del pobre Udrizard..le llamabamos “Paturro”..porque era algo despatarrado y ademas indefenso a los ataques de Pierini....
Un día, repartiendo las laminas de dibujo que habia corregido,anunciando a fuerte voz la calificacion dada...llego el turno de la de Paturro...la miró...silencio apenas contenido por la risa que nos daba....”donde hizo este trabajo?...en la mesha de la coshina?
Comiendo una milanesha?......UNOOOOOO!!!!!!!......y el pobre tenia que pasar al frente a retirar su malparido trabajo...pobre Paturro!!!!
Otro muy querido por todos era “Pico” Garibaldi...profe de historia y geografía, siempre vestido como un gentleman,con su nariz afilada que le habia dado el apodo,tenia la facultad de tornar la clase en un ameno dialogo con los alumnos,siempre mechado con algun comentario de tono subidito,lo que lo hacia muy simpatico ante todos.Tenia ademas una joyeria situada frente a la plaza...una persona que derramaba bonhomia y humanismo. Tabanelli...el jefe de taller...otro profe con porte de caudillo y autoridad .
Entre las clases teóricas de la mañana y las de taller de la tarde,habia para mi una caminata de unos 5 km entre ida y vuelta,que yo hacia sin grandes dificultades,ademas,porque podia recorrer a gusto las callecitas arboladas y soleadas del pueblo, sus naranjos en flor, sus casonas con ladrillos de adobe, el aroma de la panadería el cantito de Estela Raval en el aire y vibrando en mi....”Juliaa-aa”...
O los Panchos con “la Barca”....
Podía pasar como quien no quiere la cosa frente a la reja de mi amor inalcanzable .....pero con el corazon latiendo a lo loco....
Agarrar el camino de tierra rumbo al asilo, comer la porción que me habían asignado, lavarme y volver a la escuela para las clases de taller.
Terminé mi estadía en Baradero al finalizar ese 1959,para volver a Buenos Aires con nuestra madre...otra vez Ballester, pero ya estaba transformado,no era el de antes, yo habia dejado de ser niño.
Baradero 1957,Esteban, Rudi y yo
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